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    "Lo que buscas existe
    dentro de lo que encuentras."


    Benjamín Prado dixit.


    "Con los recuerdos de otra memoria me sentaré tranquilamente y dejaré... que el tiempo me alcance".

    Daniel Melero

    ...y de fondo: Under my thumb - Rolling Stones
    -----------------------------------------------------------------------

    "Decir adiós... La vida es eso.
    Y yo te digo adiós, y sigo...
    Volver a amar es el castigo
    de los que amaron con exceso
    Amar y amar toda la vida,
    y arder en esa llama.
    Y no saber por qué se ama...
    Y no saber por qué se olvida...
    Coger las rosas una a una,
    beber un vino y otro vino,
    y andar y andar por un camino
    que no conduce a parte alguna.
    Sentir más sed en cada fuente
    y ver más sombra en cada abismo,
    en este amor que es siempre el mismo,
    pero que siempre es diferente.
    Porque en sordo desacuerdo
    de lo soñado y lo vivido,
    siempre, del fondo del olvido,
    nace la muerte de un recuerdo.
    Y en esta angustia que no cesa,
    que toca el alma y no la toca,
    besar la sombra de otra boca
    en cada boca que se besa."


    2003-05-09 | categoría: textos ajenos | enlace | 2 comentarios | imprimir

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    Comentarios

    1
    De: sil Fecha: 2003-05-11 07:56

    me recuerda una frase de un tema de los redondos
    dice "y el tremendo amor que tanto miedo dá"



    2
    De: sola Fecha: 2003-05-11 08:54

    sin tener nada que ver con este poema y a proposito del disco de Ariel,algunos poemas del gran raul gonzalez tuñon,que los disfrutes;

    Raúl González Tuñón



    La calle del agujero en la media


    Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad
    y la mujer que amo con una boina azul.
    Yo conozco la música de un barracón de feria
    barquitos en botellas y humo en el horizonte.
    Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad.
    Ni la noche tumbada sobre el ruido del bar
    ni los labios sesgados sobre un viejo cantar
    ni el afiche apagado del grotesco armazón
    telaraña del mundo para mi corazón.
    ¡Ni las luces que siempre se van con otros hombres
    de rodillas desnudas y de brazos tendidos!
    -Tenía unos pocos sueños iguales a los sueños
    que acarician de noche a los niños dormidos-.
    Tenía el resplandor de una felicidad
    y veía mi rostro fijado en las vidrieras
    y en un lugar del mundo era un hombre feliz.
    ¿Conoce usted paisajes pintados en los vidrios?
    ¿Y muñecos de trapo con alegres bonetes?
    ¿Y soldaditos juntos marchando en la mañana
    y carros de verduras con colores alegres?
    Yo conozco una calle de una ciudad cualquiera
    y mi alma tan lejana y tan cerca de mí
    y riendo de la muerte y de la suerte y
    feliz como una rama de viento en primavera.
    El ciego está cantando. Te digo: ¡Amo la guerra!
    Esto es simple querida, como el globo de luz
    del hotel en que vives. Yo subo la escalera
    y la música viene a mi lado, la música.
    Los dos somos gitanos de una troupe vagabunda
    alegres en lo alto de una calle cualquiera.
    Alegres las campanas como una nueva voz.
    Tú crees todavía en la revolución
    y por el agujero que coses en tu media
    sale el sol y se llena todo el cuarto de luz.
    Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad,
    una calle que nadie conoce ni transita.
    Solo yo voy por ella con mi dolor desnudo
    solo con el recuerdo de una mujer querida.
    Está en un puerto. ¿Un puerto? Yo he conocido un puerto.
    Decir, yo he conocido, es decir: Algo ha muerto.

    (de La calle del agujero en la media)


    Raúl González Tuñón

    El Poeta murió al amanecer


    Sin un céntimo, solo, tal como vino al mundo,
    murió al fin en la plaza, frente a la inquieta feria.
    Velaron el cadáver del dulce vagabundo
    dos Musas: la esperanza y la miseria.
    Fue un poeta completo de su vida y su obra.
    Escribió versos casi celestes, casi mágicos,
    de invención verdadera,
    y como hombre de su tiempo que era,
    también ardientes cantos y poemas civiles
    de esquina y banderas.
    Algunos, los más viejos, lo negaron de entrada.
    Algunos, los más jóvenes, lo negaron después.
    Hoy irán a su entierro cuatro buenos amigos,
    los parroquianos del café,
    los artistas del circo ambulante,
    unos cuantos obreros,
    un antiguo editor,
    una hermosa mujer,
    y mañana, mañana,
    florecerá la tierra que caiga sobre él.
    Deja muy pocas cosas, libros, un Heine, un Whitman,
    un Quevedo, un Darío, un Rimbaud, un Baudelaire,
    un Schiller, un Bertrand, un Bécquer, un Machado,
    versos de un ser querido que se fue antes que él,
    muchas cuentas impagas, un mapa, una veleta,
    y una antigua fragata dentro de una botella.
    Los que le vieron dicen que murió como un niño.
    Para él fue la muerte como el último asombro.
    Tenía una estrella muerta sobre el pecho vencido
    y un pájaro en el hombro.





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