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    "Lo que buscas existe
    dentro de lo que encuentras."


    Benjamín Prado dixit.


    "Con los recuerdos de otra memoria me sentaré tranquilamente y dejaré... que el tiempo me alcance".

    Daniel Melero

    ...y de fondo: River of tears - Eric Clapton
    -----------------------------------------------------------------------

    A Tom y Chica, que colorearon mi infancia, a Lala y Lluna, por su cariño, a todos los perros.

    "Así estos conversaban. Y un perro que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argos, el can del paciente Ulises, a quien éste había criado, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que partir a la sagrada Ilión.

    Anteriormente llevábanlo los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; mas entonces, en la ausencia de su dueño yacía abandonado sobre mucho estiércol de mulos y de bueyes que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Ulises lo tomasen para abonar los extensos campos: allí estaba tendido Argos, todo lleno de pulgas.

    Al advertir que Ulises se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo. Entonces Ulises, que le vio desde lejos, se enjugó una lágrima sin que se percatara Eumeo y le preguntó: 'Eumeo, es extraño que este perro esté tumbado entre el estiércol. Su cuerpo es hermoso; aunque ignoro si, con tal belleza, era rápido en la carrera, o era como esos perros falderos que crían los señores por lujo'.

    Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo: 'Ese can perteneció a un hombre que ha muerto lejos de nosotros. Si fuese tal como era en el cuerpo y en la actividad cuando Ulises lo dejó al irse a Troya, pronto admirarías su rapidez y su vigor: no se le escapaba ninguna fiera que levantase, ni aun en lo más hondo del espeso bosque, porque era sumamente hábil en seguir un rastro. Mas ahora abrúmanle los males a causa de que su amo murió fuera de la patria, y las negligentes mozas no lo cuidan, porque los siervos, cuando los amos ya no mandan, no quieren hacer los trabajos que les corresponden, pues Zeus quita a un hombre la mitad de su valía cuando le alcanza el día de la esclavitud.'

    Diciendo así, entróse por el cómodo palacio y se fue derecho a la sala, hacia los ilustres pretendientes, pero Argos muere a poco de reconocer a su amo luego de veinte años."

    Fragmento de La Odisea - Libro XVII


    2003-04-28 | categoría: textos ajenos | enlace | 4 comentarios

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    Comentarios

    1
    De: Ponç Puigdevall Fecha: 2003-04-28 23:43

    Si restara el tiempo que he estado paseando a los tres perros que han convivido conmigo (muchos años cada uno porque los tres han sido felices), sería mucho más joven. Pero entonces desconocería que pasear un perro o saberlo con paciente exigencia a mi lado son dos excelentes estrategias para apaciaguar los ataques de misantropía. Y puede que no recordara que, a pesar de todos los avatares encarnizados con que los dioses pusieron a prueba el talante aventurero de Ulises, las únicas lágrimas que derramó el héroe por excelencia fue cuando, al llegar a Ítaca, reencontró a su amigo Argos: decrépito y envejecido, yaciendo despreciado sobre un cerro de estiércol, sin fuerzas para moverse, nada pudo impedir que alzara las orejas y coleara con amor. Y aunque Homero no lo diga, todos los amantes de los perros sabemos cuán intenso fue el brillo de sus ojos.



    2
    De: Xavi Fecha: 2003-04-28 23:47

    Yo tengo un libro que releo, sobre todo si estoy triste o desolado. La dificultad de ser perro, lo firma Roger Grenier. Prometo escribir algún fragmento y colgarlo en estas páginas. Un saludo y un abrazo a los amantes de estos magníficos animales.



    3
    De: Xavi Fecha: 2003-04-29 00:03

    "(...)La humildad y miseria del troglodita me trajeron a la memoria la imagen de Argos, el viejo perro moribundo de la Odisea, y así le puse el nombre de Argos y traté de enseñárselo. Fracasé y volví a fracasar. Los arbitrios, el rigor y la obstinación fueron del todo vanos. Inmóvil, con los ojos inertes, no parecía percibir los sonidos que yo procuraba inculcarle. A unos pasos de mí, era como si estuviera muy lejos. Echado en la arena, como una pequeña y ruinosa esfinge de lava, dejaba que sobre él giraran los cielos, desde el crepúsculo del día hasta el de la noche. Juzgué imposible que no se percatara de mi propósito. Recordé que es fama entre los etiopes que los monos deliberadamente no hablan para que no los obliguen a trabajar y atribuí a suspicacia o a temor el silencio de Argos. De esa imaginación pasé a otras, aún más extravagantes. Pensé que Argos y yo participábamos de universos distintos, pensé que nuestras percepciones eran iguales, pero que Argos las combinaba de otra manera y construía con ellas otros objetos; pensé que avaso no había objetos para él, sino un vertiginoso y continuo juego de impresiones brevísimas. Pensé en un mundo sin memoria, sin tiempo; consideré la posibilidad de un lenguaje que ignorara los sustantivos, un lenguaje de verbos impersonales o de indeclinables epítetos. Así fueron muriendo los días y con los días los años, pero algo parecido a la felicidad ocurrió una mañana. Llovió, con lentitud poderosa.

    Las noches del desierto pueden ser frías, pero aquella había sido un fuego. Soñé que un río de Tesalia (a cuyas aguas yo había restituido un pez de oro) venía a rescatarme; sobre la roja arena y la negra piedra yo lo oía acercarse; la frescura del aire y el rumor atareado de la lluvia me despertaron. Corrí desnudo a recibirla. Declinaba la noche; bajo las nubes amarillas la tribu, no menos dichosa que yo, se ofrecía a los vívidos aguaceros en una especie de éxtasis. Parecían coribantes a quienes posee la divinidad. Argos, puestos los ojos en la esfera, gemía; raudales le rodaban por la cara; no sólo de agua sino (después lo supe) de lágrimas. Argos, le grité, Argos.

    Entonces, con mansa admiración, como si descubriera una cosa perdida y olvidada hace mucho tiempo, Argos balbuceló estas palabras: Argos, perro de Ulises. Y después, también sin mirarme: Este perro tirado en el estiércol."

    El Inmortal, Borges.



    4
    De: edith n mendez Fecha: 2015-02-28 16:26

    excelente



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