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Quien vaya en coche se encontrará carreteras vacías, en un ambiente de ensueño que hace pensar en el fin del mundo. Cuando llevas una hora circulando, no has visto ningún coche en ambos sentidos y los pueblos parecen estar abandonados todo tiene un aspecto mágico.
En la carretera hay señales alertando del peligro de que se te cruce un reno. Si vas en verano, el sol de medianoche aumenta el clima de pesadilla, especialmente a partir de las 10 de la “noche”, cuando la gente está durmiendo pero tú ves un sol radiante que tu organismo es incapaz de aceptar como noche. Los pájaros, que llevan días sin dormir porque nadie se ha preocupado de actualizar su reloj biológico, cantan las 24 horas del día. Los graznidos de las gaviotas que se acercan peligrosamente al parabrisas hacen que el viaje tenga su parte de aventura.
Un aspecto muy romántico en la época de los mails es la posibilidad de enviar una carta desde allí. Se jactan de tener la oficina de correos más al norte del mundo y el matasellos de la carta es bien bonito, con la latitud de dicho punto, 71º 10’ 21”.
Extraído de http://www.asinorum.com/
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